DÍA 1
Blanca Suárez en un día con rayos de sol por las calles de la ciudad con unos jeans , una camida de cuadros y una cazadora de cuero.Blanca Suárez se convirtió en una ‘amante pasajera‘, recuerda que estaba en casa. La primera persona a la que se lo conté fue a mi madre, y no sé cuál de las dos estaba más emocionada”. Y poniéndonos un poco dramáticos, ¿qué le costaría a ella terriblemente dejar atrás para ser ‘chica Almodóvar? “A la gente que quiero, ¡y a mi perrito Pistacho!''.
DÍA 3

Confesar pequeños placeres es una acción que produce, a su vez, un placer de un tamaño directamente proporcional a la suma de todos los que se enumeran. Esa lista de pequeños placeres es algo que jamás debe sería ser ni personal ni intransferible. Es más, esas cosas que hacen feliz deberían compartirse siempre.
DÍA 4
Si Blanca hiciera chocar los talones de sus zapatos de purpurina –invocando las propiedades mágicas - de Zadig & Voltaire, probablemente aparecería en el rodaje de Los amantes pasajeros.El set de la película de Pedro Almodóvar fue un lugar absolutamente especial para ella durante el tiempo que duró la grabación. “Tengo tantas imágenes asociadas a Los amantes pasajeros que no podría decidirme por una sola. Tanto dentro como fuera del rodaje… Si tuviese que elegir me resultaría muy difícil, así que dejémoslo en color, mucho color“, resume enigmáticamente soñadora.DÍA 5
La primavera es más primavera cuando se empieza a llevar la piel desnuda y ésta acaricia una falda de cuero y se deja lamer, a su vez, por el sol y la brisa de abril. Y la primavera es aún más primavera cuando al terminar una jornada laboral se decide volver andando a casa para poner a prueba al sol, a la brisa y a la falda. Blanca Suárez sale de una rueda de prensa en la que ha presentado Los amantes pasajeros y piensa que quiere ir sola dando un paseo. Ajusta la cremallera que recorre su falda de piel, se abrocha hasta el último botón de su camisa tejana -la primavera siempre tiene algo de contradictorio–, desafía la luz con unas gafas de sol y echa a andar con firmeza sobre sus salones negros.
DÍA 6
En la penumbra, los volantes del vestido de Alaïa dibujan extrañas sombras en la pared. Son una inesperada versión de juegos chinescos y cambian cada vez que Blanca los mueve y atusa con los dedos de sus manos. Pone las piernas muy rectas, junta los tacones de esas sandalias preciosistas, mira al suelo y su silueta se perfila sobre fondo blanco. ¿Es el atardacer o el amanecer? La respuesta solo la sabe la luz velada que entra por el balcón y los volantes de ese vestido negro.DÍA 7
Blanca Suárez se desabrocha con cuidado las sandalias con las que bailó hasta el amanecer la noche del sábado y se desliza en unos slippers de raso. Sobre una silla descansa un par de sus vaqueros favoritos, condición que han adquirido por un accidental roto bajo la rodilla que se ha ido agrandando con los días. Les da una par de certeras y decididas de vueltas –así se las gasta el roll and rock de Blanca–, y los empareja con una sencilla sudadera de algodón.







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